Competitividad urbana y municipal

El Índice de Competitividad Urbana 2012 compara a 77 ciudades a través de 60 indicadores agrupados en 10 subíndices. En los tres menús de abajo puedes conocer un diagnóstico amplio de una ciudad en particular, comparar entre las ciudades que tú elijas y por subíndice, así como crear tu propio índice al darle más peso a los aspectos que más te importen.

Agua

El país enfrenta una creciente escasez y contaminación del agua debido a condiciones climatológicas adversas pero también por la debilidad institucional y las malas políticas públicas del sector en todos los niveles de gobierno. Las ciudades de México enfrentan el enorme reto de asegurar servicios de agua que, por un lado, se presten con regularidad, sean de buena calidad y den cobertura a toda la población y, por el otro, que tengan un impacto mínimo sobre el medio ambiente.

Por ejemplo, el crecimiento de la mancha urbana de prácticamente todas las ciudades mexicanas ha agravado el reto de la distribución del agua, ya que una vez que la CONAGUA le entrega el agua a los municipios, éstos deben poder llevarla a las nuevas poblaciones que en su mayoría se están construyendo en la periferia de las ciudades. Lo anterior implica altísimos costos adicionales para los gobiernos locales tanto por la necesidad de invertir en nueva infraestructura como por los costos de operación (ver Figura 1).

Figura 1. Comparación de costos de infraestructura ante dos distintas densidades urbanas

La mayor parte de los organismos encargados de prestar estos servicios –que en su mayoría dependen del municipio– no están preparados para enfrentar el reto debido a que o no tienen las capacidades técnicas y financieras o no tienen las atribuciones suficientes para definir políticas públicas que den solución a los verdaderos problemas de fondo, como cobrar adecuadamente el agua. Por ejemplo, más de la mitad de los organismos operadores urbanos no recuperan sus costos operativos a través del cobro del servicio. Esto implica que el municipio destina una buena parte de sus ingresos para mantener a dichos organismos a través de subsidios implícitos. Aunque una tarifa subsidiada puede parecer un alivio para las familias de más bajos ingresos, son esos hogares quienes más resienten las carencias de tener un servicio de mala calidad y que en gran medida es el resultado de tener tarifas que no reflejan el verdadero costo de abastecimiento y saneamiento. Así, la población más pobre termina pagando más por el agua al verse en la necesidad de adquirir el agua en pipas o en garrafones debido tanto a que no tienen acceso a la red de agua potable como a la irregularidad en el servicio o a la mala calidad del líquido. Por otra parte, una baja tarifa del líquido se traduce en que los ciudadanos no tengan incentivos para cuidarlo y, por lo tanto, que lo desperdicien.

Para revertir esta situación, IMCO propone algunas estrategias, tanto por el lado de la oferta como de la demanda de agua: 1) profesionalizar la gestión de los organismos operadores de agua, dándoles más autonomía operativa y exigiéndoles una verdadera rendición de cuentas sobre la calidad del servicio que prestan; 2) consolidar la planeación y operación de los organismos operadores a escala metropolitana; 3) incorporar criterios de sustentabilidad en la operación; y 4) establecer una política de cobro por el servicio que le permita a dichos organismos tener los recursos suficientes para dar un buen servicio (cobrando tarifas que cubran los costos de operación, inversión, tratamiento y escasez), al mismo tiempo que se incentive un uso más racional del agua por parte de los ciudadanos.

SI QUIERES LEER EL CAPÍTULO COMPLETO DA CLICK AQUÍ